LA BELLA Y LONGEVA HIEDRA (Hedera helix)

LA BELLA Y LONGEVA HIEDRA (Hedera helix)

La especie se originó en los bosques terciarios de laurisilva que poblaban el territorio hace millones de años bajo un clima subtropical seco. De ese origen subsisten algunas de sus características como adaptación a ese ancestral ecosistema: desarrollan hojas gruesas y grandes para resistir la sequía captando la humedad horizontal de nieblas o rocíos; y florecen a finales de verano, principios de otoño, madurando los frutos durante el invierno y primavera, que era la época más húmeda del año en su clima original.

La hiedra se alimenta enraizando en la tierra y desarrolla dos tipos de tallos y de hojas que pueden parecer de especies diferentes:

  • Tallos estériles con hojas palmeadas, de tres o cinco lóbulos, o en forma de corazón que emiten raíces si reptan en el suelo y pelos adhesivos cuando empiezan a trepar.
  • Tallos fértiles en la hiedra adulta con hojas enteras, ovaladas, más o menos alargadas que producen las flores y frutos y no pueden generar pelos o raíces. Las flores, amarillo-verdosas, se disponen en umbelas y, aunque son masculinas y femeninas, el pistilo no se abre hasta que caen los estambres para que entre el polen de otras hiedras y enriquecer genéticamente a la especie. El fruto es negro y redondo del tamaño de un guisante.

Si no encuentra un apoyo, la hiedra crece reptando sobre el suelo durante años, extendiéndose en todas direcciones formando una espesa alfombra. Los tallos reptantes van emitiendo raicillas para afianzarse en el suelo y seguir nutriéndose de él, y levantan sus hojas horizontales para captar mejor la luz y las gotas de agua. Por su parte, los tallos con flores se disponen verticales formando como un arbusto que puede alcanzar hasta metro y medio de alto.

Sin embargo, cuando encuentra un soporte o nace al pie de este (muro, pared rocosa, árbol…), trepa verticalmente.

Al no tener tronco que la mantenga erguida, los tallos trepadores estériles desarrollan a todo lo largo unas barbas de pelillos blancos, de los que nacen fibrillas microscópicas con vesículas rellenas de un potente adhesivo. Al abrirse las vesículas los pelillos se fijan al soporte como una soldadura. La adherencia la completa tejiendo una espesa red de tallos interconectados.

No hay planta trepadora que tenga un sistema tan perfecto y eficaz de tal forma que, cuando se intenta arrancar la hiedra de un muro o tronco, es fácil que se lleve consigo un trozo de piedra o de corteza.

Por su parte, los tallos fértiles crecen horizontalmente por encima de los estériles para formar en la parte más elevada una copa densa y frondosa que facilita el acceso a flores y frutos de insectos polinizadores y aves frugívoras. Y así, de lejos, parece un arbolillo.

La hiedra puede alcanzar de esta forma tanta longevidad y envergadura como un árbol anciano, algo excepcional para una planta trepadora.

En el bosque monumental del Barranc dels Horts (Ares del Maestrat) son numerosas las hiedras que abrazan a los árboles centenarios, mimetizándose con su corteza, y que posiblemente no estén muy lejos de ser tan viejas como algunos de ellos.

Hiedra en el Barranc dels Horts

Hiedra en el Barranc dels Horts

Hiedra en el Barranc dels Horts

Pero la hiedra a la que se le atribuye más edad en Castellón es la conocida como Hiedra de Sant Pau, en Albocàsser. Este ejemplar tapiza el arco de entrada a la ermita de Sant Pau (siglo XVI) desde hace siglos como símbolo de renacimiento, alegría y ascensión espiritual ya que, aunque al principio la hiedra tenía un carácter herético, fue más tarde aceptada como un signo totalmente cristiano.

Su edad es difícil de estimar y diferentes autores le atribuyen desde 300 a 500 años. Por su excepcionalidad, está incluida en el Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunidad Valenciana de 2013, y si nos remitimos a él, la Hiedra de Sant Pau tiene 400 años y sus dimensiones son: 7,50 m de altura; 4,50 m de perímetro y 20 m de diámetro de copa.

Hiedra de Sant Pau

Desmontando mitos

La falsa creencia popular de que la hiedra destruye muros y mata árboles ha producido la desaparición de muchas de las plantas centenarias. Sin embargo, está demostrado que la hiedra es muy beneficiosa para el ecosistema llevando a cabo importantes funciones ecológicas.

Al árbol, le abona el suelo ya que, aunque es de hoja perenne, renueva un tercio de sus hojas cada primavera lo que supone una importante cantidad de buena materia orgánica para alimentarlo, además de proteger el suelo y mantener la humedad en él. Cuando cubre muros o paredes, su denso follaje los protege de la erosión y ayuda a regular la temperatura actuando como un aislante natural.

Gracias a su floración en otoño, cuando ya ha pasado en otras especies, proporciona abundante néctar y polen a las abejas suponiendo hasta el 90% de sus recursos alimenticios. Y además algunos estudios consideran que unas 200 especies de insectos polinizadores se alimentan también de sus flores, ayudándoles a pasar el invierno.

Los frutos maduran en diciembre-enero, también cuando apenas hay otras especies con fruto y, aunque son tóxicos para los humanos, son un buen recurso alimenticio para aves como mirlos, zorzales y otros paseriformes.

Por otra parte, con su denso follaje y maraña de tallos proporciona refugio y escondite para anidar a decenas de especies de aves e insectos.

Usos medicinales

Como muchas de las plantas de nuestro entorno, también la hiedra se ha utilizado desde la antigüedad, aunque con extremo cuidado. Las hojas y frutos contienen saponinas, sobre todo los frutos gran cantidad de hederina por lo que son muy tóxicos para el ser humano y no es recomendable su uso interno.

Según Dioscórides, las hojas cocidas con vino y aplicadas en emplastro, sanan todo tipo de llagas, callos o verrugas y eliminan las manchas del sol en el rostro.

En l’Alt Maestrat su uso más popular era como hipotensora, expectorante, antitusígena, y para los trastornos de la menopausia.

Actualmente con el extracto de sus hojas se elaboran jarabes para combatir la tos y la mucosidad y para uso externo es eficaz como cicatrizante y contra la celulitis.

Leyendas

La hiedra puede vivir muchos años (según algunos autores hasta mil) por lo que en la antigüedad se consideraba símbolo de inmortalidad. Sus fábulas están muy ligadas a la mitología romana, asociándola con Baco.

La hiedra, junto con la vid, es un atributo de este dios al que se personifica con una corona de hiedra, simbolizando la vitalidad, la embriaguez y el deseo.

Una costumbre pagana, heredada de la asociación con Baco, era colgar hiedra en las puertas de las tabernae romanas para anunciar la venta de vino en ellas.

Por su parte, la mitología griega identificaba la hiedra con las bacanales y borracheras de Dionisos (el equivalente al Baco romano) que también aparecía siempre con una corona de hojas de hiedra. En algunas antiguas tradiciones se le atribuyen poderes protectores.

Por su forma de aferrarse y entrelazarse era un símbolo de amor, unión y fidelidad y su naturaleza trepadora representaba la unión entre lo terrenal y lo celestial.

Asimismo, es la hiedra protagonista de poemas y cánticos, de los filtros amorosos de Celestina y de los mejunjes brujeriles de la literatura medieval.

En resumen, una planta fascinante que ha inspirado al arte, a la cultura y a las tradiciones y que se debe proteger y conservar por su importante papel en la naturaleza.


Traducció al valencià:

LA BELLA I LONGEVA HEURA (Hedera helix)

L’espècie es va originar en els boscos terciaris de laurisilva que poblaven el territori fa milions d’anys sota un clima subtropical sec. D’eixe origen subsistixen algunes de les seues característiques com a adaptació a eixe ancestral ecosistema: desenvolupen fulles gruixudes i grans per a resistir la sequera captant la humitat horitzontal de boires o rosades; i florixen a la fi d’estiu, principis de tardor, madurant els fruits durant l’hivern i primavera, que era l’època més humida de l’any en el seu clima original.

L’heura s’alimenta arrelant en la terra i desenrotlla dos tipus de tiges i de fulles que poden semblar d’espècies diferents:

  • Tiges estèrils amb fulles palmades, de tres o cinc lòbuls, o en forma de cor que emeten arrels si repten pel sòl i pèls adhesius quan comencen a enfilar-se.
  • Tiges fèrtils en l’heura adulta amb fulles senceres, ovalades, més o menys allargades que produïxen les flors i fruits i no poden generar pèls o arrels. Les flors, groc-verdoses, es disposen en umbel·les i, encara que són masculines i femenines, el pistil no s’obri fins que cauen els estams per a que entre el pol·len d’altres heures i enriquir genèticament a l’espècie. El fruit és negre i redó de la grandària d’un pèsol.

Si no troba un suport, l’heura creix reptant sobre el sòl durant anys, estenent-se en totes direccions formant una espessa catifa. Les tiges reptants van emetent xicotetes arrels per a afermar-se en el sòl i continuar nodrint-se d’ell, i alcen les seues fulles horitzontals per a captar millor la llum i les gotes d’aigua. Per la seua banda, les tiges amb flors es disposen verticals formant com un arbust que pot arribar fins a metre i mig d’alt.

No obstant això, quan troba un suport o naix al seu peu (mur, paret, roca, arbre…), s’enfila verticalment.

Al no tindre tronc que la mantinga dreta, les tiges enfiladisses estèrils desenrotllen a tot el llarg unes barbes de pels blancs molt menuts, dels quals naixen fibretes microscòpiques amb vesícules farcides d’un potent adhesiu. En obrir-se les vesícules els pels es fixen al suport com una soldadura. L’heura completa l’adherència teixint una espessa xarxa de tiges interconnectades.

No hi ha planta enfiladissa que tinga un sistema tan perfecte i eficaç de tal forma que, quan s’intenta arrancar l’heura d’un mur o tronc, és fàcil que s’arranque també un tros de pedra o d’escorça.

D’altra banda, les tiges fèrtils creixen horitzontalment per damunt de les estèrils per a formar en la part més elevada una copa densa i frondosa que facilita l’accés a flors i fruits d’insectes pol·linitzadors i aus frugívores. I així, des de lluny, sembla un arbret.

L’heura pot aconseguir d’esta manera tanta longevitat i envergadura com un arbre ancià, una cosa excepcional per a una planta enfiladissa.

Al bosc monumental del Barranc dels Horts (Ares del Maestrat) són nombroses les heures que abracen als arbres centenaris, mimetitzant-se amb la seua escorça, i que possiblement no estan molt lluny de ser tan velles com alguns d’ells.

Però l’heura a la qual se li atribuïx més edat a Castelló és la coneguda com Heura de Sant Pau, a Albocàsser. Este exemplar entapissa l’arc d’entrada a l’ermita de Sant Pau (segle XVI) des de fa segles com a símbol de renaixement, alegria i ascensió espiritual ja que, encara que al principi l’heura tenia un caràcter herètic, va ser més tard acceptada com un signe totalment cristià.

La seua edat és difícil d’estimar i diferents autors li atribuïxen des de 300 a 500 anys. Per la seua excepcionalitat, està inclosa en el Catàleg d’Arbres Monumentals i Singulars de la Comunitat Valenciana de 2013, i si ens hi remetem, l’heura de Sant Pau té 400 anys i les seues dimensions són: 7,50m d’alçada; 4,50m de perímetre i 20m de diàmetre de copa.

Desmuntant mites

La falsa creença popular que l’heura destruïx murs i mata arbres ha produït la desaparició de moltes de les plantes centenàries. Però, està demostrat que l’heura és molt beneficiosa per a l’ecosistema duent a terme importants funcions ecològiques.

A l’arbre, li abona el sòl ja que, encara que és de fulla perenne, renova un terç de les seues fulles cada primavera el que suposa una important quantitat de bona matèria orgànica per a alimentar-lo, a més de protegir el sòl i mantenir-hi la humitat. Quan cobrix murs o parets, el seu dens fullatge els protegix de l’erosió i ajuda a regular la temperatura actuant com un aïllant natural.

Gràcies a la seua floració a la tardor, quan ja ha passat en altres espècies, proporciona abundant nèctar i pol·len a les abelles suposant fins al 90% dels seus recursos alimentaris. I a més alguns estudis consideren que unes 200 espècies d’insectes pol·linitzadors s’alimenten també de les seues flors, ajudant-los a passar l’hivern.

Els fruits maduren al desembre-gener, també quan a penes hi ha altres espècies amb fruit i, encara que són tòxics per als humans, són un bon recurs alimentari per a aus com a merles, tords i altres passeriformes.

D’altra banda, amb el seu dens fullatge i embull de tiges proporciona refugi i amagatall per a niar a desenes d’espècies d’aus i insectes.

Usos medicinals

Com moltes de les plantes del nostre entorn, també l’heura s’ha utilitzat des de l’antiguitat, encara que amb extrem cuidat. Les fulles i fruits contenen saponines, sobretot els fruits gran quantitat d’hederina pel que són molt tòxics per a l’ésser humà i no és recomanable el seu ús intern.

Segons Dioscórides, les fulles cuites amb vi i aplicades en emplastre, sanen tot tipus de llagues, durícies o berrugues i eliminen les taques del sol en el rostre.

En l’Alt Maestrat el seu ús més popular era com a hipotensora, expectorant, antitussígena, i per als trastorns de la menopausa.

Actualment amb l’extracte de les seues fulles s’elaboren xarops per a combatre la tos i la mucositat i per a ús extern és eficaç com a cicatritzant i contra la cel·lulitis.

Llegendes

L’heura pot viure molts anys (segons alguns autors fins a mil) pel que en l’antiguitat es considerava símbol d’immortalitat. Les seues rondalles estan molt lligades a la mitologia romana, associant-la amb Bacus. L’heura, juntament amb la vinya, és un atribut d’este déu al qual es personifica amb una corona d’heura, simbolitzant la vitalitat, l’embriaguesa i el desig.

Un costum pagà, heretat de l’associació amb Bacus, era penjar heura a les portes de les tabernae romanes per a anunciar-hi la venda de vi. Per la seua part, la mitologia grega identificava l’heura amb les bacanals i borratxeres de Dionisos (l’equivalent al Bacus romà) que també apareixia sempre amb una corona de fulles d’heura. En algunes antigues tradicions se li atribuïxen poders protectors.

Per la seua manera d’aferrar-se i entrellaçar-se era un símbol d’amor, unió i fidelitat, i la seua naturalesa enfiladissa representava la connexió entre allò terrenal i allò celestial.

Així mateix, és l’heura protagonista de poemes i càntics, dels filtres amorosos de Celestina i dels potingues de les bruixes de la literatura medieval.

En resum, una planta fascinant que ha inspirat a l’art, a la cultura i a les tradicions i que s’ha de protegir i conservar pel seu important paper en la natura.